Ensegudia te sientas en la amplia terraza el chef propietario se acerca a saludarte y luego un joven mozo te trae el menú, el cual simpaticamente explica el porque y como llego a establecerse el Aubergine en una de nuestras montañas.
El menú es amplio como la vista que tienes al frente , y tiene platos de origen alemán y donde en la mayoría de los casos la berenjena tiene la culpa, no se asusten si no le gusta la berenjena hay mucha variedad.
Ayer mi esposa y yo ordenamos para tomar dos jugos de cereza naturales riquísimos, de entrada pedimos berenjena rellena de tomates y queso camembert que estab de llorar y de plato fuerte pedimos un filete a la pimienta verde con papas salteadas y una pechuga de pollo rellena de espinaca y ricotta que estaba buenisima.
La comida es excelente, el trato es cordial y agaradable y el sitio es expectacular , un remanso de paz , sin bulla , sin olores raros sin gentio , sin aire (la temperatura estaba en 22 a la una de la tarde.) y solo son 45 minutos de la ciudad en un viaje sumamente placentero y relajante .
Los platos son todos elaborados con productos de primera calidad y fresco lo cual influye en el precio que aun que no es caro , tampoco es barato, como les explico? osea debes verlo como un conjunto de sensaciones que se unen en este lugar en el cual no es solo el paladar que se da un festin , es el cuerpo completo.
Yo vuelvo.